Cuando notas la piel apagada o con aspecto de “cansancio” y quieres que se vea más sana, sin rellenos ni cambios de rasgos. El plasma rico en plaquetas (PRP) se obtiene de tu propia sangre (se procesa para concentrar plaquetas) y se aplica en la piel para estimular procesos de reparación: ayuda a mejorar luminosidad, textura y tono con un resultado muy natural.
El PRP (plasma rico en plaquetas) es un tratamiento médico-estético en el que se extrae una pequeña cantidad de sangre y se procesa para obtener plasma con alta concentración de plaquetas. Ese plasma se utiliza después en la piel (con microinyecciones u otras técnicas de introducción superficial) para favorecer los procesos de reparación.
Está pensado para mejorar la calidad de la piel: que se vea más viva, más uniforme y con mejor aspecto general con el paso de las semanas.
El objetivo es conseguir un cambio natural y progresivo en luminosidad, textura y tono, sin efecto retoque o “cara cambiada”.
Encaja especialmente si te pasa algo de esto:
- Te miras y notas la piel apagada o con aspecto de “cansancio”.
- Quieres un tratamiento muy natural (con tu propio plasma), sin aportar volumen ni cambiar tus rasgos.
- Buscas mejorar luminosidad, textura y tono de forma progresiva, sin un cambio brusco.
- Te interesa un enfoque “biológico” para mejorar la calidad de tu piel.
Sales con información clara:
- Un resumen claro de tu caso: qué buscamos mejorar (luminosidad, textura, tono) y en qué zonas.
- Expectativas con tiempos reales: el PRP es progresivo; te decimos cuándo suele empezar a notarse las mejoras.
- Pautas post-tratamiento sencillas: qué hacer ese día y cómo cuidar la piel para no irritarla.
- Señales de alarma claras: qué sería normal (rojeces, puntitos, algún hematoma) y cuándo conviene escribirnos.
- Siguiente paso definido: si tiene sentido un plan de sesiones y cuándo revalorar.
En resumen: te vas con la sensación de “lo tengo claro” y con pautas para que el PRP no sea “me lo hice un día”, sino una mejora real y progresiva de la calidad de piel.
En general es un tratamiento con buen perfil de seguridad cuando se hace con el producto adecuado y con manos expertas, pero hay casos en los que es mejor posponerlo.
No se recomienda (o se pospone) si:
- Estás embarazada.
- Hay infección activa, fiebre o un brote importante en la zona (incluido herpes activo).
- La piel está muy irritada o en “modo alarma”.
Hay que valorarlo con más cuidado si:
- Estás en lactancia.
- Tienes antecedentes o condiciones que afecten a la sangre, coagulación, o tomas medicación que aumenta el sangrado
- Eres propensa a marearte con extracciones (en este caso se adapta el procedimiento para ir con mucho cuidado y no te marees).
- Tomas medicación como corticoides, biológicos, antibióticos, retrovirales o tratamientos oncológicos.
- Te has hecho recientemente procedimientos que sensibilizan la piel (láser, peelings potentes, etc.).
Precauciones clave para que salga bien:
- Ven bien hidratada y evita llegar en ayunas si eres propensa a marearte.
- Evitar calor intenso, ejercicio muy fuerte y fricción en la zona las primeras 24–48 h.
- No irritar la piel con activos fuertes los primeros días.
Preguntas frecuentes
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Sí, especialmente cuando notas que tu piel ha perdido luminosidad, firmeza o capacidad de recuperación. A diferencia de otros tratamientos que aportan hidratación directamente, el PRP utiliza los factores de crecimiento obtenidos de tu propia sangre para estimular los procesos naturales de regeneración de la piel.
Lo que suele notarse es una piel más luminosa, con mejor tono, más fresca y con un aspecto más descansado. Muchas pacientes describen que la piel se ve "más viva" y con mejor calidad general. También puede ayudar a mejorar pequeñas marcas, la textura y la firmeza de forma progresiva.
Y algo importante: el resultado no suele ser inmediato. Es un tratamiento que trabaja estimulando la piel desde dentro, por lo que la mejoría aparece gradualmente durante las semanas siguientes. -
Puede ayudar, sobre todo cuando lo que buscas es que la piel se vea más uniforme y con mejor calidad general. Muchas personas notan que la textura se “afina”, que el poro se ve menos marcado y que la piel tiene un aspecto más sano con el paso de las semanas.
Ahora, el matiz importante (para que esto sea útil de verdad) es:- Si hablamos de poros, textura ligera o moderada, el PRP suele ser un tratamiento muy agradecido.
- Si hablamos de cicatrices profundas, de acné o una textura muy marcada, el PRP por sí solo suele quedarse corto. En estos casos, lo que mejor funciona suele ser un plan combinado: una renovación de la piel con un peeling o láser CO₂ y el PRP como apoyo para mejorar la calidad de piel y que el resultado quede más fino y se sostenga mejor.
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Hay que pensarlo como un tratamiento progresivo, porque la piel necesita tiempo para responder.
- Los primeros días puedes notar la piel un poco más “activa” o con mejor aspecto por la propia recuperación (depende mucho de cómo se haga y de tu piel).
- Lo que de verdad buscamos suele verse con el paso de las semanas: la piel se ve más uniforme, más luminosa y con mejor calidad. Y se nota más cuando se hace un plan con varias sesiones o con una combinación de tratamientos según lo que necesite tu piel, no como una sesión suelta.
¿Y cuánto dura?
Como referencia, de media suele mantenerse alrededor de 6 meses, aunque en algunas pieles dura más y en otras menos.
Lo que más lo mueve es tu punto de partida y tu “vida real”: sol (y fotoprotección), constancia con una rutina saludable, control de estrés, descanso… y si has hecho una sesión suelta o un plan bien pautado.
La forma más realista de mantenerlo es: plan inicial y luego mantenimiento cuando notes que tu piel vuelve a apagarse, no por sistema. -
El PRP funciona mucho mejor cuando se plantea como plan de varias sesiones, no como “me hago una y ya”. ¿Por qué? Porque la mejora es progresiva y suele ser acumulativa: sesión a sesión la piel va respondiendo.
Como orientación realista:- Si lo que buscas es un empujón de luminosidad y aspecto más sano, a veces con 1–2 sesiones ya notas que la piel cambia.
- Si quieres una mejora más clara en calidad de piel (tono, textura, aspecto más uniforme), lo más habitual es plantear un plan de al menos 3 sesiones.
¿Cada cuánto?
Lo normal es espaciarlo alrededor de 4 a 6 semanas. Es un margen que permite que la piel responda sin “estresarla”, y que tú puedas ver la evolución.
Y lo importante (para hacerlo bien): no va de hacer sesiones sin fin. Va de hacer un plan para ti, revisar cómo responde tu piel y, si te gusta el resultado, plantear el mantenimiento cuando toque, no por sistema. -
El PRP facial no suele ser un tratamiento “doloroso” en el sentido de dolor fuerte, pero sí es un tratamiento molesto. Hay dos momentos distintos:
- La extracción de sangre: es el pinchazo típico de una analítica.
- La aplicación en la piel: es donde más se nota. El PRP puede producir escozor, quemazón o molestia tipo pinchacitos, en parte porque tiene un pH más alcalino que el de la piel.
Por eso, se suele poner siempre anestesia tópica (crema anestésica) antes del tratamiento. Aun así, hay que ser realistas: aunque la crema ayuda mucho, el PRP puede seguir molestando, sobre todo en zonas más sensibles.
Lo que cambia bastante la tolerancia es cómo se aplica. Muchas veces preferimos combinarlo con técnicas como microneedling o radiofrecuencia con agujas, porque ayudan a que el PRP se integre mejor en la piel y, además, suelen hacer el tratamiento más llevadero que cuando se pone solo con microinyecciones.
La idea no es que “no notes nada”, sino que sea tolerable y bien llevado. Y por eso, en la valoración, te explicamos desde el principio cómo vamos a aplicarlo, qué puedes notar y qué forma tiene más sentido en tu caso. -
Lo habitual es que la piel reaccione como con cualquier microinyección: rojeces, ligera hinchazón, sensación de piel “activa”, puntitos y, a veces, algún hematoma pequeño. También puede haber un poco de sensibilidad en la zona. Lo normal es que todo esto vaya bajando en 24–72 h, y si aparece algún moradito, suele tardar algo más en irse (depende de cada piel).
Lo que no es lo esperable (y aquí sí queremos que te pongas en contacto con nosotras) es:- Dolor intenso o dolor “raro” que va a más, en vez de ir bajando.
- Inflamación muy marcada, calor local fuerte, supuración, fiebre (signos de infección).
- Una reacción muy inflamatoria general (hinchazón importante, urticaria, dificultad para respirar).
- Un empeoramiento rápido del aspecto en vez de ir asentándose.
Y un matiz importante (muy raro, pero preferimos que lo tengas claro): si durante el tratamiento o justo después notas un dolor intenso y distinto a lo habitual, una zona que cambia de color de forma brusca, o síntomas como visión borrosa, mareo fuerte, debilidad/adormecimiento o una cefalea muy intensa y repentina, no se espera y se considera motivo de consulta urgente. -
Lo importante es lo mismo que en otros tratamientos inyectables: llegar con la piel tranquila y salir cuidándola como “piel recién trabajada”, no como un día normal.
Antes del tratamiento:- Ven con la piel estable: evita llegar con la piel irritada. Es decir, no uses exfoliaciones fuertes, peelings en casa potentes , o retinoides y ácidos si te irritan.
- Evita quemarte al sol o venir con un brote activo (si hay irritación, se pospone el tratamiento).
- Si tiendes a hacer hematomas, ayuda mucho evitar el alcohol el día anterior y venir bien hidratada.
Después (primeras 24–48 h):- No manipules la zona: evita frotar, rascar o “toquetear” los puntitos.
- Evita lo que aumenta la rojez o los hematomas: calor intenso (sauna/baño de vapor), ejercicio fuerte y alcohol el primer día (a veces 48 h si tiendes a hincharte o hacer moraditos).
- Rutina simple y calmante: limpieza suave + hidratación + fotoprotección alta (SPF).
- Pausa activos irritantes: retinoides y ácidos unos días (según tu pauta) para no sensibilizar la piel justo después.
La idea es sencilla: el PRP funciona mejor cuando no irritas la piel justo después y le das tiempo a asentarse.
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En general, sí. El PRP es de esos tratamientos que, en la mayoría de los casos, te haces y sigues con tu día. Si la piel está tranquila, lo habitual es que puedas maquillarte sin problema.
Hay personas que prefieren esperar al día siguiente por dos cosas muy simples:- Para que bajen del todo los puntitos/rojeces, y
- Para no tener que frotar la piel justo después (sobre todo al desmaquillarte).
Si estás con puntitos más visibles, más sensible o con algún hematoma, lo mejor es esperar a que la piel se asiente un poco y evitar la fricción: cuanto menos la “manipules” esos primeros momentos, mejor.
Y siempre con la misma idea: los primeros días skincare simple + SPF (limpieza suave, hidratación y fotoprotección) para no irritar la piel justo cuando queremos que se recupere bien. -
Sí, normalmente se puede hacer en verano. El PRP no “pela” la piel como un peeling o un láser CO₂, así que no es el mismo tipo de cuidado post-tratamiento. Lo importante es el sentido común: después del tratamiento la piel puede estar más sensible o con algún hematoma, y el sol directo no ayuda.
Lo que recomendamos para hacerlo bien:- Fotoprotección alta y reaplicar si hay exposición. No solo por prevención: si hay un moradito, con sol se marca más.
- Evitar sol directo intenso los primeros días si estás con rojez o hematoma, más por estética y para que se vaya antes.
- Rutina calmante y sin “activos fuertes” justo después: limpieza suave + hidratación + SPF. Los retinoides y ácidos hay que incorporarlos cuando te toque según la pauta marcada.
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No, no es lo mismo. Aunque a veces se usan como si fueran sinónimos, el “vampire facial” suele referirse a tratamientos con microneedling más agresivo, en los que se produce un sangrado visible y se utiliza esa sangre sobre la piel.
Y aquí conviene aclarar algo importante: eso no equivale a un PRP facial bien preparado. En un tratamiento de PRP, la sangre se extrae y se procesa para obtener el plasma rico en plaquetas, separándolo de otros componentes de la sangre que no ayudan a reparar la piel y que incluso pueden irritarla o sensibilizarla más.
Dicho de forma sencilla: no toda la sangre es PRP. Por eso, más que fijarte en el nombre “vampire facial”, lo importante es saber qué te van a hacer exactamente, cómo se obtiene el plasma y cómo se va a aplicar.
En nuestro caso, además, siempre utilizamos anestésico tópico antes del tratamiento, porque la molestia no suele venir del procedimiento en sí, sino del plasma al aplicarlo sobre la piel. -
Depende de tu piel y de lo que quieras conseguir, pero te doy una guía muy realista:
- Rostro: es donde más se hace y donde más “se disfruta” el resultado. Si tu piel estaba apagada o con ese punto de cansancio, el PRP suele notarse como piel más luminosa, más uniforme y con mejor cara en general (sin efecto retoque).
- Cuello y escote: aquí funciona bien cuando lo que te preocupa es la calidad de la piel (piel más castigada, menos uniforme, más seca). Suele aportar ese punto de piel más cuidada, pero con un matiz importante: el cuello y el escote son zonas que suelen estar expuestas al sol, así que para que se sostenga de verdad, utilizar de forma continua un factor de protección solar y tener un plan de mantenimiento cuentan más que en la cara.
- Ojeras: el PRP puede encajar cuando la ojera es más un tema de piel finita y calidad (aspecto cansado, textura). Si la ojera es sobre todo hueco (hundimiento) o pigmento muy marcado, normalmente hace falta otro enfoque o una combinación de tratamientos, porque el PRP no “rellena” ni borra el pigmento intenso por sí solo.
La clave es esta: el PRP se nota más donde el problema es calidad de piel, no estructura. Por eso, bien indicado, queda muy natural y con ese “me veo mejor”. -
Sí, y muchas veces es cuando el resultado queda más completo, pero hay que hacerlo con orden. Piensa que cada tratamiento “ataca” un problema distinto: el PRP está más orientado a mejorar la calidad de la piel, para que se vea más viva y uniforme, la radiofrecuencia ayuda a mejorar la luminosidad, y el peeling o el láser CO₂ se enfocan más en renovar la textura y tratar las manchas.
Cómo lo solemos plantear, de forma práctica:- Si tu prioridad es conseguir una piel más luminosa y tersa (efecto glow), usamos la radiofrecuencia como eje, y los skinbooster como apoyo para que, además de tersa, la piel se vea más bonita y elástica.
- Si tu prioridad es textura/mancha → primero valoramos si encaja el peeling o CO₂ y cuándo; y el PRP se coloca en el momento adecuado para acompañar la piel y sumar sin sensibilizar.
- Si tu prioridad es “me veo apagada” y quieres mejorar el aspecto global → el PRP puede ser la base, y luego se añade lo que realmente te aporte.
Lo importante: normalmente no es “todo el mismo día”. Se organiza con tiempos realistas para que la piel se recupere bien y el resultado se sostenga.
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Lo que más sostiene el resultado del PRP no es “hacerte más cosas”, sino lo que haces entre sesiones y después del plan:
- Fotoprotección diaria (SPF): si estamos intentando que la piel se vea más uniforme y luminosa, el sol es lo primero que lo estropea.
- Rutina constante y sencilla: limpieza suave + hidratación + activos bien elegidos (sin castigar la barrera con mil productos).
- Hábitos que se notan en la piel: descanso, estrés, tabaco/alcohol y constancia con hidratación y nutrición influyen más de lo que parece.
- Mantenimiento cuando toque: lo más sensato no es “cada X meses sí o sí”, sino cuando notes que tu piel vuelve a perder ese punto de luminosidad o de “buena cara”. Ahí una sesión de refuerzo puede ayudarte a sostener el resultado sin empezar de cero.
La idea es simple: el PRP te da el empujón, y tu “día a día” es lo que hace que esa mejora se mantenga. -
Depende del tipo de mancha y, sobre todo, de cómo esté tu melasma en ese momento. El melasma (el “paño” hormonal) es una mancha que se mueve mucho con tres cosas: sol, calor y piel irritada. Por eso aquí no vale el “me lo hago y ya”: lo que más importa es qué piel tienes y en qué momento lo haces.
¿Puede ayudar el PRP?
Sí, puede ayudar como apoyo dentro de un plan, sobre todo cuando buscamos que la piel se vea más sana y el tono más uniforme poco a poco. Pero no es “el tratamiento que borra el melasma” y no funciona igual en todas las personas: en melasma, lo que manda es la estrategia completa.
¿Puede empeorarlo?
Puede pasar si la piel se irrita o si haces el tratamiento en un momento malo (mucho sol/calor inevitable, piel sensible, barrera tocada). En pieles con tendencia a manchar, la irritación a veces deja una mancha nueva o reaviva el melasma. No es lo habitual pero es importante hacerlo con un experto para hacerlo bien y que sepa valorar tu caso.
Duración del tratamiento
Aprox. 45–60 min, incluyendo extracción y preparación.
Recuperación
Mínima. Puede haber rojeces, pequeños puntitos y algún hematoma, según la piel.
Sesiones y frecuencia
El plan habitual es de 3 sesiones, separadas entre 4 y 6 semanas. El mantenimiento se individualiza según la respuesta y los objetivos de cada persona.
Molestias y anestesia
Sensación de pinchazos o escozor leve. El PRP con microinyecciones se realiza con anestesia.
Te diremos si el PRP es para ti, cuántas sesiones tienen sentido y qué puedes esperar en tu caso (y si hay un tratamiento que encaja mejor).
Facilidades de pago
En Womanhood Clinic entendemos que invertir en tu salud es una decisión importante. Por eso, ofrecemos distintas formas de pago para que no tengas que renunciar a cuidarte como mereces.
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