La citología observa cómo están las células del cuello del útero. La prueba de VPH detecta si está presente un virus de alto riesgo que, con el tiempo, puede provocar cambios en esas células. No son rivales: son herramientas distintas.
Por eso, las guías europeas actuales dan más peso al test de VPH en mujeres adultas. En España, el cribado poblacional está evolucionando hacia este modelo: entre los 30 y los 65 años se orienta a la detección de VPH de alto riesgo cada 5 años, mientras que entre los 25 y los 29 años se mantiene, de forma general, la citología cada 3 años.
Eso sí, este cambio se está implementando de forma progresiva. En muchas comunidades autónomas todavía se sigue realizando citología cada 3 años entre los 25 y los 65 años. Por ejemplo, en Madrid ya se ha iniciado el programa CERVICAM, pero aún no todas las mujeres han sido convocadas.
Y esto no es un capricho. Un análisis conjunto de grandes ensayos clínicos europeos mostró que el cribado basado en VPH proporciona entre un 60–70% mayor detección de cánceres invasivos en comparación con la citología. Por eso el cambio de paradigma tiene sentido: el test de VPH detecta mejor el riesgo real y permite espaciar controles cuando sale negativo.