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MEDICINA ESTÉTICA

Tratamientos faciales y corporales en verano


Cómo preparar la piel sin dejar de parecer tú

(Por Dra. María Eugenia Rivera Martínez, médico especialista en medicina estética)

Hay una pregunta que solemos hacernos mucho cuando empieza el buen tiempo: “¿Qué puedo hacerme antes del verano?”. Y casi siempre viene acompañada de otra, más importante: “Quiero verme mejor, pero no quiero verme distinta”.

Como médico estético, esa segunda frase me interesa mucho. Porque la medicina estética bien indicada no consiste en borrar una cara ni en perseguir una juventud artificial. Consiste en entender qué está cambiando, por qué está cambiando y qué podemos hacer para que la piel, el rostro y el cuerpo se vean más descansados, más firmes y más armónicos sin perder naturalidad.

Y en mujeres en perimenopausia y menopausia esto tiene todavía más sentido. No hablamos solo de edad. Hablamos de cambios hormonales que afectan a la piel, al colágeno, a la hidratación, a la distribución de la grasa y a la firmeza de los tejidos.

El verano no lo prohíbe todo, pero obliga a elegir mejor


Durante años se ha repetido que en verano no se puede hacer medicina estética. No es exactamente así. Lo que no tiene sentido es tratar la piel sin tener en cuenta el sol, el calor, los viajes, la exposición al aire libre o la tendencia a mancharse.

Hay tratamientos que pueden encajar muy bien antes o durante el verano si se pautan correctamente, como la radiofrecuencia, los skinboosters, algunos tratamientos inyectables o determinados protocolos corporales. Otros, como peelings médicos más intensos o láseres de renovación profunda, necesitan más prudencia y, en muchas pacientes, es preferible reservarlos para momentos de menor exposición solar.

La clave no es hacer “lo de moda”. La clave es hacer lo que tu piel necesita ahora.

Cuando la piel está apagada, seca o menos jugosa


Una de las quejas más frecuentes en esta etapa es: “Me noto la piel apagada”, “el maquillaje ya no me queda igual”, “tengo la cara cansada aunque duerma”.

Aquí no siempre hace falta rellenar. A veces lo que falta es calidad de piel.

Los skinboosters pueden ayudar cuando buscamos hidratación profunda, luminosidad y una piel más elástica sin aportar volumen ni modificar rasgos. Los polinucleótidos y el plasma rico en plaquetas también pueden tener sentido cuando queremos trabajar reparación, textura y vitalidad cutánea de forma progresiva.

Son tratamientos muy interesantes para mujeres que notan la piel más fina, más seca o más vulnerable en la perimenopausia y la menopausia. No hacen una transformación radical de un día para otro, pero sí pueden devolver ese aspecto de piel más cómoda, más viva y mejor cuidada.

Flacidez facial: cuando la cara “se descuelga” sin que sepas explicar dónde


La flacidez no siempre aparece como una arruga concreta. Muchas veces se nota en el óvalo facial, en la sensación de cara más pesada o en ese “me veo rara” que cuesta definir.

En estos casos, la radiofrecuencia facial puede ser una buena opción cuando buscamos estimular colágeno y mejorar firmeza de forma progresiva, sin cambiar volúmenes. Es un tratamiento que trabaja la calidad del tejido y que suele gustar mucho a quien quiere verse mejor sin que nadie pueda señalar exactamente qué se ha hecho.

Cuando la pérdida de soporte es mayor, los estimuladores de colágeno pueden ayudarnos a construir firmeza desde dentro. No son un relleno en el sentido clásico: no buscan inflar, sino mejorar estructura y densidad de forma gradual.

Ácido hialurónico y neuromodulación: menos cantidad, más criterio


El ácido hialurónico sigue siendo una herramienta muy útil cuando hay hundimientos, surcos, pérdida de soporte u ojeras estructurales. Pero el enfoque ha cambiado. Ya no se trata de “rellenar por rellenar”, sino de devolver armonía allí donde se ha perdido.

La neuromodulación estética, por su parte, puede suavizar gestos muy marcados, tensión en el entrecejo o arrugas de expresión, siempre que se haga respetando la movilidad y la personalidad del rostro. Para mí, el resultado bonito no es una cara congelada: es una expresión más relajada, no una expresión anulada.

Manchas, textura y poro: cuidado con las prisas antes del sol


Las manchas, la textura irregular y el poro visible suelen preocupar mucho antes del verano. Aquí hay tratamientos muy eficaces, como el peeling médico o el láser CO2, pero es fundamental elegir bien el momento.

Si una paciente va a exponerse mucho al sol, viajar a la playa o no puede comprometerse con una fotoprotección estricta, quizá no sea el mejor momento para tratamientos de renovación intensa. En medicina estética, saber esperar también es tratar bien.

A veces conviene preparar la piel ahora con tratamientos más compatibles con la época y dejar la renovación más profunda para después del verano.

Cuerpo: firmeza, celulitis y grasa localizada sin promesas milagro


En consulta también hablamos mucho de cuerpo: abdomen, brazos, muslos, rodillas, glúteos. Zonas que cambian con los años, con los embarazos, con los cambios de peso y también con las hormonas.

La radiofrecuencia corporal puede ayudar cuando predomina la flacidez ligera o la pérdida de firmeza. Las ondas de choque pueden ser útiles cuando el problema principal es la celulitis o la textura irregular. La mesoterapia corporal puede plantearse en casos seleccionados como apoyo en zonas concretas de grasa localizada o celulitis.

Pero me gusta decirlo claro: ningún tratamiento corporal sustituye el movimiento, el ejercicio, la alimentación, el descanso ni la constancia. La medicina estética puede mejorar textura, firmeza y contorno, pero funciona mejor cuando forma parte de un plan realista.

El mejor tratamiento empieza mirando bien


Antes de pinchar, calentar, estimular o renovar, hay que diagnosticar. Por eso la valoración médica es tan importante. En el rostro, herramientas como la ecografía facial nos permiten trabajar con más información, valorar tejidos, planificar con más seguridad y evitar decisiones tomadas solo “a ojo”.

Mi objetivo no es que una paciente salga pareciéndose a otra persona. Mi objetivo es que se reconozca mejor. Que se vea más descansada, más luminosa, más firme, más cómoda en su piel.

Y si el verano sirve como excusa para empezar a cuidarse, bienvenida sea. Pero no desde la urgencia ni desde la promesa rápida. Desde el criterio, la naturalidad y el respeto por una etapa del cuerpo femenino que merece ser acompañada, no corregida como si fuera un defecto.