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GINECOLOGÍA

Regeneración vulvar en cicatrices y partos complicados


Cuando el dolor no “es normal”

(Por la Dra. Alejandra Ruiz de Azua, ginecóloga especialista en salud hormonal femenina)

Hay una frase que escucho más de lo que me gustaría en consulta: “Desde aquel parto, no he vuelto a sentirme igual”.

Como si hablar de una cicatriz en la vulva, de dolor en las relaciones o de una episiotomía que sigue molestando años después fuera algo normal.

No lo es.

La vulva también tiene memoria. Y algunas cicatrices, aunque hayan “cerrado” por fuera, siguen hablando por dentro.

La cicatriz que nadie mira


Después de un parto complicado, un desgarro perineal, una episiotomía, una infección de la herida o una mala cicatrización, puede quedar una zona más rígida, tirante, sensible o dolorosa. A veces se nota al mantener relaciones sexuales. Otras, al sentarte, montar en bici, usar ropa ajustada, ponerte un tampón o simplemente al tocarte.

Y aquí quiero ser muy clara: que algo sea frecuente no significa que debas aguantarlo.

Una cicatriz vulvar o perineal puede afectar a la elasticidad de la piel, a la sensibilidad local, al suelo pélvico y también a la forma en la que tu cuerpo anticipa el dolor. Porque cuando una zona duele una vez, el cuerpo aprende a protegerse. Contrae. Evita. Se cierra.

El parto pasó, pero el cuerpo no lo olvidó


Muchas mujeres llegan a la perimenopausia o a la menopausia con una cicatriz antigua que llevaba años “más o menos tranquila”. Y de pronto empieza a molestar.

¿Por qué ahora?

Porque con la bajada de estrógenos, los tejidos vulvovaginales cambian. Hay menos hidratación, menos elasticidad, más fragilidad, más sequedad vaginal y, en algunas mujeres, más dolor con las relaciones. Lo que antes compensabas sin darte cuenta, ahora se vuelve evidente.

Una cicatriz que antes solo tiraba un poco puede empezar a arder. Una relación sexual que antes era incómoda puede volverse dolorosa. Una pequeña fisura puede repetirse siempre en el mismo punto.

No es que tu cuerpo “se haya estropeado”. Es que ha cambiado el terreno hormonal sobre el que esa cicatriz estaba apoyada.

Regeneración vulvar: no es estética, es función


Cuando hablo de regeneración vulvar, no hablo de “rejuvenecimiento íntimo” como reclamo vacío. Hablo de recuperar función: que el tejido esté más flexible, que duela menos, que la entrada vaginal no se sienta como una zona prohibida, que la mujer pueda volver a tener relaciones si quiere, explorar su cuerpo sin miedo y vivir sin esa sensación de “algo no está bien ahí abajo”.

Regenerar no es borrar la historia. Es ayudar al tejido a comportarse mejor.

Y para eso no existe una única solución mágica. Existe diagnóstico.

Antes de tratar, hay que mirar bien


Mi primer paso siempre es explorar con calma. No se puede tratar una cicatriz vulvar sin verla, tocarla y entenderla.

Necesito saber si el dolor viene de la propia cicatriz, de una retracción, de una zona de piel más fina, de sequedad por síndrome genitourinario de la menopausia, de una contractura del suelo pélvico, de una infección, de liquen escleroso, de una vestibulodinia o de varias cosas a la vez.

Porque muchas veces el problema no está en un solo punto. Está en el diálogo entre la piel, la mucosa, la musculatura y el sistema nervioso.

El plan: tejido, hormonas y suelo pélvico


Cuando la causa está clara, podemos construir un tratamiento. A veces empezamos por lo más básico: hidratación vulvovaginal adecuada, lubricantes de calidad, tratamiento local con estrógenos u otras opciones hormonales si están indicadas, y educación sobre cómo cuidar la zona sin irritarla más.

En otros casos, la rehabilitación de suelo pélvico es fundamental. Una cicatriz puede doler, sí, pero también puede hacer que los músculos de alrededor se defiendan. Y un suelo pélvico que vive en modo “alerta” puede convertir cualquier intento de penetración en una experiencia dolorosa.

También podemos trabajar la cicatriz con masaje específico cuando la herida está completamente cerrada, técnicas de movilización, tratamientos regenerativos seleccionados, infiltraciones o, en casos concretos, corrección quirúrgica de una cicatriz retraída o mal posicionada. Tu médico especialista y rehabilitador de suelo pélvico te ayudará con los abordajes que tu cuerpo necesita.

Lo importante es esto: no todo vale para todas. Y no todo lo que se vende como “regenerativo” tiene el mismo respaldo ni la misma indicación.

El dolor en las relaciones no es un peaje


Una de las cosas que más me preocupa es cuántas mujeres normalizan la dispareunia, es decir, el dolor durante las relaciones sexuales.

Me dicen:
“Bueno, después de tener hijos es normal”.
O: “Con la menopausia será lo que toca”.
O: “Ya no tengo edad para estas cosas”.

Y no. No deberíamos aceptar el dolor como peaje por haber parido, por haber cumplido años o por estar en menopausia.

La sexualidad cambia, claro. El cuerpo cambia. El deseo cambia. Pero cambiar no significa desaparecer. Y mucho menos doler.

Cuando pedir ayuda


Consulta si tienes dolor en la cicatriz de la episiotomía, molestias en la vulva, dolor con la penetración, sensación de tirantez, sequedad vaginal intensa, pequeñas heridas repetidas, escozor, ardor o miedo anticipado a las relaciones.

Especialmente si estás en perimenopausia o menopausia, porque el componente hormonal puede estar amplificando un problema que venía de antes.

No hace falta esperar a que sea insoportable. En salud vulvar, cuanto antes miramos, mejor podemos actuar.

Lo que quiero que recuerdes


Tu cicatriz no es una frase final. Es una zona del cuerpo que puede necesitar ayuda.

La regeneración vulvar bien indicada no busca cambiar quién eres ni prometer una vulva “nueva”. Busca devolverte comodidad, elasticidad, confianza y libertad.

Y si alguna vez te dijeron que ese dolor era normal, déjame decirte algo distinto: puede ser frecuente, puede tener explicación, pero merece ser escuchado.

Porque tu parto forma parte de tu historia. Pero no tiene por qué seguir doliendo cada día ni afectar a tu calidad de vida.