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MEDICINA INTERNA

Medicaciones que suben o bajan peso


Y cómo hablarlo en consulta sin abandonar tratamientos

(Por Dra. Raquel Díaz Simón, médico del servicio de medicina interna del Hospital Universitario 12 de Octubre)

Hay una escena que se repite muchísimo: mujer en perimenopausia o menopausia, cansada, haciendo “todo bien”, y aun así la báscula sube. Y en algún momento aparece la frase:

“Doctora… ¿será la medicación?”

Y mi respuesta suele empezar así: igual no te falla nada. A veces, lo que cambia no es tu fuerza de voluntad. Cambia tu biología (hola, transición) y, sí, también puede influir la medicación.

Durante la transición a la menopausia se producen cambios reales en el cuerpo: es más fácil acumular grasa (sobre todo en la zona abdominal) y más fácil perder músculo si no lo cuidamos. Esto no es un “cuento”: se ha visto en grandes estudios de seguimiento de mujeres durante años. Es decir, no es que “de repente te descuides”, es que el cuerpo juega con reglas nuevas.

Así que hoy quiero hablarte como hablo en consulta: claro, sin tecnicismos innecesarios, pero con rigor. Y con un mensaje importante desde el minuto uno:

No dejes un tratamiento por tu cuenta por miedo al peso. Hay formas de ajustar, cambiar, compensar y, sobre todo, entender qué está pasando.

Durante la perimenopausia y la menopausia es frecuente notar cambios en el peso corporal. Esto no significa necesariamente que estés haciendo algo mal.

Existen dos factores principales que explican estos cambios:

  1. Cambios hormonales propios de la transición menopáusica
  2. Efectos secundarios de algunos tratamientos farmacológicos

El objetivo de este documento es ayudarte a entender ambos factores y, sobre todo, tomar decisiones informadas sin poner en riesgo tu salud.

1. Antes de hablar de “engordar”: ¿qué está aumentando realmente?


Cuando el peso sube, no siempre se debe a un aumento de grasa corporal. Es fundamental distinguir entre:

  • Retención de líquidos (te notas hinchada, anillos más apretados)
  • Más apetito (te cuesta parar, te entra hambre “rara”)
  • Peor sueño (y al día siguiente comes más y te mueves menos)
  • Menos energía o dolor (y acabas moviéndote menos)
  • Estreñimiento (muy común en esta etapa)

¿Por qué importa esto?

Porque cada causa tiene un manejo diferente. Por ejemplo:

  • Retención de líquidos → ajustar sal, revisar medicación
  • Aumento de apetito → revisar fármacos o sueño
  • Pérdida de masa muscular → introducir ejercicio de fuerza

Reducir todo a “he engordado” es clínicamente impreciso y limita las soluciones.

¿Qué ha cambiado en mi cuerpo y qué puedo ajustar sin perder salud por el camino?

Y aquí hay una pista de oro: el timing.

  • ¿Empezaste a notar el cambio poco después de iniciar o subir dosis de un medicamento?
  • ¿Coincide con una mala racha de sueño, estrés, sofocos, una lesión, una etapa de ansiedad?
  • ¿Ha cambiado más tu cintura/ropa que el número exacto de la báscula?

Cuando hacemos ese “mapa”, casi siempre se ve luz.

2. Menopausia: lo que realmente cambia en tu cuerpo


La transición menopáusica implica:

  • ↓ Estrógenos
  • ↑ tendencia a acumular grasa visceral
  • ↓ masa muscular (sarcopenia progresiva)
  • ↓ gasto energético basal

Esto significa que:

  • Con los mismos hábitos, el cuerpo puede almacenar más grasa
  • Es más fácil perder músculo si no se estimula

Esto está bien documentado en estudios longitudinales, y no tiene que ver con “falta de disciplina”.

3. Medicaciones que pueden influir en el peso


No todos los fármacos afectan igual ni a todas las personas. Pero sí hay patrones conocidos.

Los corticoides: el “hambre que no es tuya”

Los corticoides (los que muchas personas llaman “cortisonas”) se usan para asma, alergias potentes, brotes autoinmunes, inflamaciones importantes… y a veces son imprescindibles.

¿Qué pueden hacer?

  • ↑ apetito (efecto central)
  • ↑ resistencia a la insulina
  • ↑ retención de sodio y agua
  • Redistribución grasa (cara, abdomen)

Punto crítico (que suele explicarse mal): El aumento de peso no es solo “comer más”, hay un componente metabólico real.

Qué se puede hacer:

  • Usar la dosis mínima eficaz
  • Limitar duración si es posible
  • Monitorizar: peso, tensión, glucosa
  • Ajustar dieta (especialmente proteína y sodio)

Importante: si un corticoide te está salvando de un brote, no se negocia a lo loco. Se planifica.

2) Medicación para diabetes: algunas suben y otras ayudan a bajar

Aquí hay un matiz que a muchas mujeres les sorprende: hay tratamientos para la diabetes que, en algunas personas, se asocian a subir peso… y otros que tienden a bajarlo.

  • Algunos tratamientos clásicos (y, en especial, la insulina en determinadas situaciones) pueden relacionarse con aumento de peso. A veces es “porque el cuerpo deja de perder calorías por la orina”, otras porque aparece más hambre o porque intentas evitar bajadas de azúcar comiendo más.
  • En cambio, hay familias más modernas que suelen ser neutras o favorecen la bajada y, además, mejoran otros marcadores.

No necesitas saberte los nombres. Lo útil es esto: si tienes prediabetes, diabetes o resistencia a la insulina, vale la pena revisar tu tratamiento pensando también en el peso. No por estética. Por salud metabólica y cardiovascular.

3) Salud mental: si te ayuda, no lo sueltes por la báscula

Esto lo digo muy en serio: he visto demasiadas mujeres dejar un tratamiento que les estaba estabilizando el ánimo por miedo a engordar.

Con algunos antidepresivos puede haber una ganancia de peso pequeña en promedio, y con otros es más neutra. Y en otros casos, cuando la depresión mejora, la vida vuelve: duermes mejor, te mueves más, comes más ordenado… y el peso se recoloca. O sea: no es lineal.

Y con algunos tratamientos para problemas psiquiátricos más complejos (por ejemplo, ciertos antipsicóticos), el impacto en apetito y peso puede ser mayor. Aquí el mensaje es:

No todos los antidepresivos engordan igual:

  • Algunos → neutros o incluso pérdida inicial
  • Otros → aumento de peso a medio plazo

Antipsicóticos (algunos):

  • ↑ apetito importante
  • Alteración metabólica (glucosa, lípidos)

Punto clave que suele malinterpretarse:

A veces el aumento de peso ocurre porque mejora el estado depresivo, no solo por el fármaco.

Mensaje importante:

Suspender un tratamiento eficaz para salud mental por el peso suele ser una mala decisión clínica.

Lo correcto es:

  • anticipar el efecto
  • monitorizar
  • ajustar si es necesario

4) Corazón y tensión: a veces el cuerpo va más “lento”

Algunas medicaciones para el corazón o para controlar el ritmo cardiaco pueden asociarse a una ganancia de peso discreta en algunas personas, especialmente al principio. También pueden hacer que te notes con menos “chispa” durante unas semanas, y eso reduce actividad sin que te des cuenta.

Aquí la prioridad es la salud cardiovascular. Pero se puede trabajar:

  • ajuste de dosis si procede y siempre priorizando la salud cardiovascular
  • revisar si hay alternativa dentro del mismo objetivo terapéutico
  • plan de fuerza tras consultar con tu médico (sí, incluso 2 días por semana cambia la película)

Un mito muy frecuente: “la terapia hormonal me engordó”


Me lo dicen muchísimo. Y hay que ser justas: muchas mujeres empiezan terapia hormonal en un momento en el que ya está pasando el cambio corporal de la transición menopáusica. Entonces, la coincidencia temporal confunde.

Lo que sabemos, de forma global, es que la terapia hormonal no se considera una causa clara de aumento de peso por sí misma. Lo que sí puede cambiar es:

  • cómo te sientes (mejor sueño, menos sofocos)
  • y, si tú te sientes mejor, suele ser más fácil moverte, comer mejor, entrenar fuerza

O sea: a veces, incluso ayuda indirectamente.

Conclusión clínica:

No es una causa principal de aumento de peso.

Las inyecciones para bajar peso: ni son magia ni son el mal


Vamos al tema estrella. Lo digo tal cual: se habla de estas inyecciones como si fueran un “milagro” … o como si fueran “un peligro” que te va a destrozar el cuerpo. Ninguna de las dos cosas.

Son tratamientos pensados para personas con obesidad o sobrepeso con problemas asociados (por ejemplo, tensión, apnea del sueño, hígado graso, prediabetes, diabetes…), y se usan con seguimiento médico.

Lo que sí sabemos


En estudios grandes, algunas de estas inyecciones han conseguido pérdidas de peso importantes cuando se acompañan de cambios de hábitos (no perfección, cambios reales). En algunas personas, la bajada es del 10–15% del peso inicial, y en otras puede ser mayor.

Y un punto clave que casi nadie cuenta en redes:

La obesidad es una enfermedad crónica, con tendencia a recaer. Si se retira el tratamiento, muchas personas recuperan parte del peso, igual que pasa con la tensión si dejas el antihipertensivo: no porque “no tengas fuerza de voluntad”, sino porque tu cuerpo vuelve a su punto de equilibrio anterior.

“¿Y esto sirve para salud o solo para la báscula?”


Como internista, a mí esto me importa muchísimo: hay estudios que muestran que, en ciertas poblaciones, estas terapias no solo bajan peso, también reducen riesgo cardiovascular. Esto no significa “vale para todo el mundo”, significa: en la persona adecuada, puede ser una herramienta de salud, no estética.

Los mitos que quiero que se te caigan hoy


Cómo hablarlo con tu médico sin abandonar tratamientos (esto es lo más importante)


Si te pudiese pedir una sola cosa para tu próxima consulta, sería esta: trae el problema, no la culpa.

Checklist rápido para tu próxima cita (muy útil)


☐ Lista de medicación y suplementos (si puedes, foto de las cajas)

☐ Cuándo empezaste cada cosa y si hubo cambios de dosis

☐ Evolución de peso y/o cintura (si la tienes)

☐ Sueño, sofocos, hambre, ansiedad, estreñimiento

☐ Si roncas o tienes apnea (muy relacionada con peso y menopausia)

☐ Tu objetivo principal: salud, energía, movilidad, riesgo metabólico

Para cerrar: lo que quiero que te quedes hoy


  1. No estás “fallando”: en peri/menopausia el cuerpo cambia y hay explicaciones reales.
  2. Algunas medicaciones pueden influir en apetito, líquidos o energía: se puede revisar sin romper tratamientos.
  3. Las inyecciones para bajar peso son herramientas médicas: ni milagro ni demonio.
  4. Tu mejor estrategia no es “aguantar en silencio”: es poner el tema sobre la mesa y construir un plan con tu médico.