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SEXOLOGÍA

La caja negra del deseo en la menopausia


Por qué la libido ya no se enciende como antes

(Por el Dr. Asier Bombín, médico, sexólogo y terapeuta de pareja)

Si el deseo sexual tuviera un botón de encendido, muchas mujeres lo habrían encontrado ya. Lo habrían pulsado con más descanso, con una escapada en pareja, con una copa de vino o con una conversación pendiente.

Pero el deseo no funciona como una lámpara. Se parece más a una caja negra: dentro hay hormonas, cerebro, vínculo, cansancio, historia sexual, autoestima, dolor, medicamentos, estrés y expectativas.

Quizá lo primero que conviene aclarar es esto: la sexología no se ocupa solo del sexo. Se ocupa de cómo vivimos la sexualidad, cómo deseamos, cómo nos relacionamos, qué nos bloquea, qué nos duele, qué nos excita, qué evitamos y qué necesitamos para volver a sentirnos presentes en nuestra vida íntima.

Y sí: acudir a un profesional de la sexología debería ser tan natural como acudir a un psicólogo cuando algo emocional se desordena. La sexualidad también forma parte de la salud.

No es “falta de ganas”: es una señal que hay que saber leer


Cuando una mujer dice "ya no tengo libido", rara vez está hablando solo de sexo. Puede estar diciendo muchas cosas a la vez:

  • "Me cuesta reconocer mi cuerpo."
  • "Me duele o me incomoda la penetración."
  • "Estoy agotada."
  • "Mi pareja y yo funcionamos, pero ya no nos encontramos."
  • "No tengo fantasías como antes."
  • "Quiero querer, pero no me sale."
  • "Me siento desconectada de mí."

El deseo sexual bajo en la menopausia no debe despacharse con un "es normal por la edad" ni con un "será estrés". Es verdad que la menopausia cambia el terreno hormonal, pero reducirlo todo a las hormonas es quedarse en la primera capa del problema.

La libido en la menopausia puede cambiar por la bajada de estrógenos, por alteraciones del sueño, por sofocos, por sequedad vaginal, por dolor en las relaciones, por cambios en la imagen corporal, por ansiedad, por antidepresivos, por problemas de pareja, por exceso de carga mental o por una combinación de todo ello.

La clave es entender que casi nunca hay una sola causa.

La menopausia cambia el cuerpo, pero también cambia el contexto


Durante la perimenopausia y la menopausia, el cuerpo puede empezar a responder de otra manera. Puede haber menos lubricación, más sensibilidad vulvar, molestias con la penetración, infecciones urinarias de repetición, sensación de estrechez vaginal o menor respuesta genital.

Esto no significa que el placer desaparezca. Significa que el mapa cambia. Durante demasiado tiempo, estos cambios se han presentado como algo que las mujeres simplemente debían aceptar. Sin embargo, el dolor, la pérdida de placer o las dificultades sexuales no son un peaje inevitable de la menopausia. Merecen la misma atención sanitaria que cualquier otro síntoma.

A veces, una mujer interpreta esa menor respuesta física como una falta de deseo. Pero muchas veces ocurre al revés: primero aparece la incomodidad, después la anticipación del dolor y, finalmente, la evitación. El cerebro aprende rápido. Si el sexo empieza a asociarse con molestia, presión o frustración, el deseo se protege apagándose.

Por eso, en sexología no preguntamos solo "¿tienes ganas?". Preguntamos también:

  • ¿Te duele?
  • ¿Te sientes segura?
  • ¿Te excitas cuando empiezas?
  • ¿Tienes deseo espontáneo o aparece solo cuando hay estímulo?
  • ¿Tu relación suma o pesa?
  • ¿Te reconoces en el cuerpo que tienes ahora?

Porque la respuesta sexual femenina no siempre empieza con ganas. Muchas veces empieza con disponibilidad, calma, contexto y estimulación adecuada.

Deseo espontáneo y deseo responsivo: una diferencia que lo cambia todo


Una de las ideas que más alivio genera en consulta es distinguir entre deseo espontáneo y deseo responsivo.

El deseo espontáneo es ese impulso que aparece "de la nada": pienso en sexo, me apetece, busco el encuentro. Es el modelo que más se ha vendido culturalmente, pero no es el único.

El deseo responsivo aparece después de que algo empiece: una caricia, una conversación erótica, un clima de intimidad o una sensación corporal agradable. No surge antes del encuentro, sino durante.

Este modelo fue descrito por la médica e investigadora Rosemary Basson, que mostró cómo, en muchas mujeres, el deseo puede aparecer como respuesta a una experiencia de intimidad y excitación, y no necesariamente antes del encuentro sexual.

Como explica también Esther Perel, psicóloga y sexóloga, el deseo no es una obligación del cuerpo, sino una experiencia que necesita ciertas condiciones para encenderse. Y esas condiciones cambian a lo largo de la vida.

En muchas mujeres, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, el deseo espontáneo disminuye, pero el deseo responsivo puede seguir existiendo. El problema es que si esperamos siempre a que aparezcan unas ganas intensas antes de iniciar cualquier acercamiento, quizá nunca lleguemos a comprobar si el deseo podía despertarse por otro camino.

Esto no significa forzarse. Significa entender cómo funciona el deseo propio.

Cuándo ir a una consulta de ginecología y cuándo acudir a una de sexología


La ginecología es fundamental cuando hay síntomas físicos: sequedad vaginal, dolor, sangrado, infecciones, cambios vulvares, sospecha de atrofia vaginal o necesidad de valorar terapia hormonal de la menopausia. Es una parte imprescindible del abordaje.

Pero hay situaciones en las que la consulta ginecológica no basta, porque el problema no está solo en el tejido, sino en la experiencia sexual completa.

Ahí entra la sexología clínica.

Un profesional de la sexología puede ayudar cuando hay:

  • deseo sexual bajo o pérdida de libido;
  • dificultad para excitarse;
  • dolor que ha generado miedo o evitación;
  • problemas de comunicación sexual en pareja;
  • diferencias de deseo entre ambos;
  • bloqueo, vergüenza o culpa;
  • falta de placer;
  • desconexión corporal;
  • crisis sexual tras maternidad, menopausia, enfermedad o cambios vitales.

No se trata de elegir entre ginecología o sexología. Se trata de saber cuándo hace falta mirar el cuerpo y cuándo hace falta mirar también el deseo, el vínculo y la historia sexual.

La pareja también entra en la caja negra


Cuando hay pareja, el deseo no vive aislado dentro de una persona. Vive entre dos.

A veces la mujer se pregunta: "¿Me pasa algo a mí?". Pero la pregunta clínica puede ser otra: ¿qué dinámica se ha instalado entre los dos?

Puede haber cariño, convivencia y proyecto común, pero poca intimidad erótica. Puede haber discusiones no resueltas. Puede haber años de sexo previsible. Puede haber una vida cotidiana en la que el estrés, la carga mental o los cuidados han ido ocupando el espacio que antes tenía el erotismo. Puede haber una pareja que insiste y otra que se aleja. Puede haber miedo a herir, miedo a hablar o miedo a escuchar.

En terapia de pareja trabajamos precisamente ese espacio: cómo pedir, cómo expresar un límite sin dañar, cómo recuperar el juego, cómo salir del reproche y cómo reconstruir una sexualidad posible, realista y adulta.

Porque la sexualidad en la menopausia no tiene por qué copiar la de los 30. Puede ser distinta. Más consciente, más negociada, más sensorial y más libre de automatismos.

No buscamos culpables: buscamos piezas


En consulta, cuando una mujer acude por problemas de sexualidad, mi objetivo no es encontrar "la causa", como si hubiera una sola. Mi trabajo es ordenar la caja negra.

Miramos piezas médicas, hormonales, emocionales, relacionales y sexuales. Revisamos si hay dolor, si existe deseo responsivo, si hay fármacos que puedan influir, si aparece ansiedad anticipatoria, si la pareja está funcionando como refugio o como presión, si el cuerpo necesita tratamiento y si la mente necesita permiso.

La buena noticia es que cuando se entiende el mecanismo, se puede intervenir mejor.

A veces el camino pasa por tratar la sequedad vaginal. Otras, por terapia sexual. Otras, por terapia de pareja. Otras, por revisar la medicación, los hábitos, el sueño, el estrés o valorar terapia hormonal con el especialista adecuado. Y, muchas veces, por combinar varias estrategias.

La sexualidad también merece una consulta especializada


Durante demasiado tiempo, las mujeres han aprendido a hablar de sofocos, reglas irregulares o insomnio, pero no de deseo, placer, dolor o desconexión sexual. Como si la sexualidad fuera secundaria. Como si a partir de cierta edad ya no importara.

Importa.

Importa porque el deseo no es solo frecuencia sexual. Es vitalidad, intimidad, identidad, vínculo y bienestar. Y cuando algo cambia, merece ser escuchado con rigor, no con vergüenza.

La menopausia no apaga necesariamente la sexualidad. Pero sí obliga a dejar de funcionar en automático. Y quizá ahí empiece una oportunidad: entender qué ha cambiado, qué necesita el cuerpo, qué necesita la relación y qué forma de deseo puede construirse ahora.

La libido puede no encenderse como antes porque quizá la llave ya no está en el mismo sitio. La sexología no busca devolver a cada mujer la sexualidad que tenía hace veinte años. Busca ayudarla a construir la que tiene sentido para ella ahora, sin culpa, sin prisas y con evidencia científica.