(Por Dra. Sonia Tejada Solís, neurocirujana)
Hay dolores que se explican bien con una radiografía, una analítica o una lesión visible. Y luego está ese otro dolor: el que recorre el cuerpo, cambia de sitio, se intensifica sin previo aviso, agota, interrumpe el sueño y hace que una mujer empiece a desconfiar de su propio cuerpo.
La fibromialgia pertenece a este segundo territorio. No porque sea imaginaria. No porque sea “emocional”. No porque la mujer exagere. Sino porque no nace de una sola articulación, un solo músculo o una sola contractura. La fibromialgia es, sobre todo, un problema de procesamiento del dolor. Y eso significa que el sistema nervioso se convierte en protagonista.
Como neurocirujana, me parece importante empezar por aquí: en la fibromialgia el dolor es real, aunque muchas veces no se vea.