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NEUROLOGÍA

Fibromialgia en mujeres


Cuando el dolor no se va con analgésicos y el cerebro necesita una solución

(Por Dra. Sonia Tejada Solís, neurocirujana)

Hay dolores que se explican bien con una radiografía, una analítica o una lesión visible. Y luego está ese otro dolor: el que recorre el cuerpo, cambia de sitio, se intensifica sin previo aviso, agota, interrumpe el sueño y hace que una mujer empiece a desconfiar de su propio cuerpo.

La fibromialgia pertenece a este segundo territorio. No porque sea imaginaria. No porque sea “emocional”. No porque la mujer exagere. Sino porque no nace de una sola articulación, un solo músculo o una sola contractura. La fibromialgia es, sobre todo, un problema de procesamiento del dolor. Y eso significa que el sistema nervioso se convierte en protagonista.

Como neurocirujana, me parece importante empezar por aquí: en la fibromialgia el dolor es real, aunque muchas veces no se vea.

No es solo dolor muscular: es un sistema nervioso en alerta


Durante mucho tiempo se ha hablado de fibromialgia como si fuera una enfermedad “de los músculos”. Es comprensible: duele el cuerpo, pesan las piernas, arden los hombros, molesta la espalda, aparecen puntos sensibles y una sensación de agotamiento físico difícil de explicar.

Pero hoy sabemos que el foco no está únicamente en los tejidos. En muchas pacientes existe lo que llamamos sensibilización central: el cerebro y la médula espinal amplifican señales que, en otras circunstancias, no deberían producir tanto dolor.

Es como si el volumen del dolor estuviera demasiado alto. Una presión leve puede doler mucho. Un mal descanso puede disparar una crisis. El estrés, los cambios hormonales, una infección, un traumatismo o una etapa de sobrecarga pueden actuar como detonantes o amplificadores.

Por eso la fibromialgia no se entiende bien si solo preguntamos “dónde duele”. Hay que preguntar también: ¿cómo duermes?, ¿te levantas descansada?, ¿tienes niebla mental?, ¿te cuesta concentrarte?, ¿hay migrañas, colon irritable, ansiedad, hipersensibilidad al ruido o a la luz?

El dolor crónico casi nunca viaja solo.

Por qué los analgésicos clásicos se quedan cortos


Cuando algo duele, lo lógico es pensar en un analgésico. Paracetamol, antiinflamatorios, relajantes musculares. En algunos momentos pueden aliviar una parte del malestar, especialmente si hay una contractura, una cefalea o un dolor localizado añadido.

Pero en fibromialgia el problema no siempre está en la zona que duele, sino en cómo el sistema nervioso interpreta y modula ese dolor. Y ahí los analgésicos clásicos muchas veces no son suficientes.

Esto no significa que la medicación no tenga lugar. Significa que no puede ser la única respuesta. Si tratamos la fibromialgia solo como si fuera una inflamación muscular, corremos el riesgo de frustrar a la paciente y de medicalizarla sin mejorar realmente su calidad de vida.

El abordaje debe ser más amplio: educación sobre el dolor, sueño, ejercicio adaptado, manejo del estrés, salud hormonal, fisioterapia, nutrición, tratamiento de comorbilidades y, en determinados casos, neuromodulación.

El cerebro también se puede modular


Esta es una de las ideas que más cambia la conversación: si el sistema nervioso participa en la amplificación del dolor, también podemos intentar modular su actividad.

La Estimulación Magnética Transcraneal, o EMT, es una técnica no invasiva de neuromodulación cerebral. Utiliza pulsos magnéticos aplicados sobre áreas concretas del cráneo para modificar la excitabilidad de determinadas redes neuronales.

No es una descarga eléctrica. No requiere anestesia. No implica cirugía. La paciente permanece despierta durante la sesión y, tras la valoración médica adecuada, puede retomar su actividad habitual.

En neurociencias y psiquiatría llevamos años trabajando con técnicas de estimulación cerebral no invasiva en distintos contextos. En fibromialgia, la EMT se estudia y se utiliza como una herramienta complementaria para intentar reducir la intensidad del dolor, mejorar la función y modular circuitos implicados en dolor crónico, ánimo, sueño y fatiga.

Qué cambia con la EMT en fibromialgia


La EMT no promete borrar la fibromialgia. Y me parece fundamental decirlo así, con honestidad. No estamos hablando de una cura mágica ni de una máquina que sustituya todo lo demás.

Lo que cambia es el enfoque.

Pasamos de perseguir el dolor solo en el músculo a trabajar también sobre las redes cerebrales que lo amplifican. En lugar de limitar la estrategia a “toma algo cuando te duela”, buscamos influir en los mecanismos que mantienen el dolor encendido.

En algunas pacientes, esto puede traducirse en menos intensidad del dolor, menor sensación de agotamiento, mejor tolerancia a la actividad, mejor descanso o una percepción de mayor control sobre el cuerpo. No todas responden igual, y por eso es importante seleccionar bien los casos, explicar expectativas y acompañar el tratamiento con una estrategia global.

La EMT tiene más sentido cuando entendemos la fibromialgia como una enfermedad compleja, no como una lista de síntomas sueltos.

Para quién puede tener sentido valorar este tratamiento


En consulta, puedo plantear la EMT en mujeres con fibromialgia o dolor crónico generalizado cuando hay una carga importante de síntomas, cuando los tratamientos habituales han sido insuficientes o mal tolerados, o cuando existe un componente claro de sensibilización central.

También puede ser interesante cuando el dolor convive con fatiga intensa, niebla mental, trastornos del sueño o hipersensibilidad sensorial, siempre dentro de una valoración neurológica completa.

Antes de indicar sesiones de EMT hay que revisar la historia clínica, los tratamientos actuales, los antecedentes neurológicos, la presencia de migraña, epilepsia, implantes metálicos u otros factores relevantes. No se trata de aplicar una técnica porque existe, sino de saber en qué paciente tiene sentido.

La tecnología, cuando se usa bien, no deshumaniza la medicina. La hace más precisa.

El cuerpo no está fallando, está saturado


Muchas mujeres llegan a este diagnóstico después de años de peregrinaje médico. Han escuchado que “todo está bien” porque las pruebas no muestran una lesión evidente. Pero que una prueba salga normal no significa que el dolor no exista.

En fibromialgia, el cuerpo no está inventando. Está respondiendo desde un sistema nervioso saturado, hiperreactivo, con dificultades para regular el dolor, el descanso y la energía.

Mi trabajo como neurocirujana es ayudar a ordenar ese mapa. Separar lo que pertenece a la fibromialgia de lo que puede tener otra causa. Identificar migraña, neuropatías, trastornos del sueño, déficits, problemas hormonales o enfermedades que pueden parecerse. Y, a partir de ahí, proponer un plan realista.

No se trata de aguantar más, sino de tratar mejor


Cuando el dolor es crónico, difuso y está sostenido por circuitos del sistema nervioso, necesitamos mirar más allá.

La Estimulación Magnética Transcraneal abre una vía interesante porque actúa justo ahí: en la conversación entre cerebro, dolor y cuerpo. No sustituye el descanso, el movimiento adaptado, el abordaje emocional, hormonal o metabólico. Pero puede sumar cuando la paciente necesita algo más que seguir apagando incendios.

La fibromialgia merece especialistas que la entiendan. Y las mujeres que la sufren merecen algo más que paciencia: merecen opciones, rigor y un plan de acción.