(Por Dra. Sonia Tejada Solís, neurocirujana)
—Doctora, yo antes podía con todo. Leía, trabajaba, organizaba la casa, recordaba citas, nombres, conversaciones… Ahora abro el ordenador y me quedo mirando la pantalla. Empiezo una frase y se me va. Me hablan y siento que tardo unos segundos en llegar.
La mujer que me dice esto no siempre viene asustada. A veces viene frustrada. O cansada de justificarse. O con esa mezcla tan frecuente entre vergüenza y preocupación: “¿Será la menopausia? ¿Será estrés? ¿Me estaré deteriorando?”.
Como neuróloga, sé que pocas cosas inquietan tanto como notar que la mente no responde con la agilidad de antes. No hablamos solo de memoria. Hablamos de identidad, de autonomía, de seguridad. De esa sensación íntima de reconocerte —o no— en tu propia cabeza.
Y también sé algo importante: cuando aparece niebla mental, lentitud cognitiva o dificultad para concentrarse, no debemos banalizarlo, pero tampoco asumir lo peor. El cerebro cambia, se adapta, acusa el cansancio, el insomnio, las fluctuaciones hormonales, el dolor, la ansiedad o la inflamación. Y, en algunos casos, podemos ayudarle a recuperar mejor su ritmo.
Una de las herramientas que utilizamos para modular esa actividad cerebral es la estimulación magnética transcraneal.