La ecografía facial es una prueba de imagen no invasiva que utiliza ondas de ultrasonido para estudiar los tejidos en tiempo real. No emplea radiación y se realiza deslizando una pequeña sonda sobre la piel, normalmente con ayuda de un gel conductor.
- La dermis y el tejido subcutáneo.
- Los distintos compartimentos grasos.
- Fascias y músculos faciales.
- Vasos sanguíneos mediante el modo Doppler.
- Rellenos inyectados anteriormente.
- Nódulos, fibrosis, inflamación u otras alteraciones de los tejidos.
La ecografía dermatológica y estética requiere sondas de alta frecuencia y, sobre todo, una formación específica para interpretar correctamente las imágenes. No se trata simplemente de disponer de un ecógrafo, sino de conocer con precisión la anatomía facial y su representación ecográfica.
El rostro no envejece únicamente porque la piel produzca menos colágeno. Los cambios se producen simultáneamente en varias capas: piel, grasa, ligamentos, músculos e incluso estructura ósea. Además, no todas las zonas evolucionan de la misma manera ni al mismo ritmo.
A partir de los 40 pueden hacerse más visibles la pérdida de elasticidad, la deshidratación, la modificación de los volúmenes faciales y el desplazamiento de algunos tejidos. La exposición solar acumulada, la genética, el tabaco, las variaciones de peso, el estrés y los cambios hormonales también influyen.
Durante la transición hacia la menopausia, la disminución de estrógenos puede contribuir a una menor producción de colágeno, pérdida de hidratación y cambios en la elasticidad cutánea. Sin embargo, no todo lo que ocurre en la piel a esta edad tiene una única causa hormonal, por lo que la valoración debe ser siempre global.
Precisamente la inclusión de la ecografía durante la valoración médica puede responder a muchas preguntas y transformar muchas suposiciones en información anatómica. Antes de infiltrar o indicar una tecnología, puede ayudarnos a responder preguntas muy concretas: