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ONCOPREVENCIÓN

“Doctor, ¿y yo qué puedo hacer?”

Spoiler: bastante más de lo que crees

Con Dr. Ricardo Cubedo: Oncólogo en Womanhood Clinic. Director de la Fundación SOLOMed, Consejero científico en ATRIA Clinic y Médico especialista en el hospital MD Anderson Cáncer Center Madrid.

En consulta me lo preguntáis mucho, sobre todo cuando entráis en perimenopausia o ya estáis en menopausia: “Si el cáncer es cuestión de mala suerte o de genética… ¿qué sentido tiene cuidarme?”. Y mi respuesta suele empezar así: el riesgo no es un interruptor (sí/no), es un regulador. No podemos llevarlo a cero, pero sí podemos bajarlo de forma significativa.

Hoy quiero hablar de tres palancas muy concretas alcohol, exceso de peso y sedentarismo— porque, juntas, forman un bloque de riesgo claramente modificable. Y no, no es un discurso de “vida perfecta”: es oncología preventiva basada en evidencia.

Hábitos Vs genética

la parte que no eliges (y la que sí)

Empecemos por poner orden. La genética importa, pero menos de lo que suele creerse. Según la American Cancer Society, aproximadamente un 5–10% de los cánceres están fuertemente ligados a mutaciones heredadas. Dicho de otra forma: la mayoría de los cánceres no vienen “escritos” en tus genes como una sentencia inamovible. Incluso en aquellos cánceres con gran influencia de la genética, haber heredado una determinada mutación, no significa «voy a tener cáncer», sino «tengo más papeletas de tener cáncer», una probabilidad que también es modulable a través de los hábitos de vida y cuyas consecuencias se pueden minimizar con un programa de detección temprana a medida.

¿Entonces de dónde sale el resto? De una mezcla de edad,azar biológico, exposiciones (lo que respiramos, comemos, bebemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos) y del entorno en el que vivimos.

Y aquí llega la parte esperanzadora: cuando miramos poblaciones enteras, una fracción importante de cánceres se asocia a factores potencialmente modificables.

El análisis de la American Cancer Society publicado en CA: A Cancer Journal for Clinicians estima que en EE. UU. alrededor del 40% de los casos y el 44% de las muertes por cáncer podrían atribuirse a factores modificables (tabaco, exceso de peso, alcohol, inactividad física, dieta, infecciones, etc.).

Tú me dirás: “Vale, Ricardo, pero yo no fumo”. Perfecto. Entonces el foco se estrecha y, para muchas mujeres en esta etapa, el “triángulo” más relevante pasa a ser: alcohol + composición corporal (grasa/músculo) + sedentarismo.

Además, el «yo no fumo», habría que matizarlo. Algunas personas quen o fumans on, en realidad, exfumadoras; y el riesgo del tabaco en cuanto al cáncer tarda una o dos décadas en desaparecer. Otras son fumadoras pasivas, y está demostrado que el humo de tabaco de segunda mano aumenta el riesgo de cáncer relacionado hasta un 20%. Por último, está el asunto del radón, un gas que emana de los suelos de granito y que es la segunda causa de cáncer de pulmón en España, tras el tabaco. Consulta los mapas de emanaciones de radón, como el del Consejo de Seguridad Nuclear (https://www.csn.es/mapa-del-potencial-de-radon-en-espana). Si vives, has vivido o trabajado mucho tiempo en un municipio con emanaciones de radón, quizá debieras plantear tu programa de detección temprana como si fueras fumadora o exfumadora.

Alcohol: el “vinito saludable”

es un mito cuando hablamos de cáncer

Voy directo: el alcohol es carcinógeno. La IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) clasifica el etanol en bebidas alcohólicas como carcinógeno para humanos (Grupo 1), y uno de los mecanismos más sólidos pasa por su conversión a acetaldehído, que puede dañar el ADN.

Aun así, el efecto real del consumo bajo o moderado de alcohol en la vida real todavía es objeto de debate. Por ejemplo, el muy reciente informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, señalaba algunos efectos beneficiosos ligados al consumo moderado de alcohol, (https://www.nationalacademies.org/news/new-report-reviews-evidence-on-moderate-alcohol-consumption-and-health-impacts?utm_source=chatgpt.com)

Sin embargo, es ese estudio, como en muchos anteriores, estaba clara la relación del consumo de alcohol, aun a dosis moderadas, con el cáncer de mama. La OMS lo dice sin rodeos: no hay un nivel “seguro” de consumo de alcohol para el riesgo de cáncer de mama; el riesgo aumenta con cada unidad.

¿Incluso poco?

Sí. En un resumen de evidencia epidemiológica se recoge que cada 10 g/día adicionales (aprox. una bebida estándar) se asocian con un aumento relativo del riesgo de cáncer de mama de alrededor del 7%.

Peso: el riesgo no vive solo en la báscula

vive en la grasa y en la cintura

Aquí hay que afinar el mensaje: no es “peso” a secas, es exceso de grasa corporal, especialmente visceral, y pérdida de músculo.

La IARC, en su Handbook sobre ausencia de exceso de grasa, concluye que mantenernos sin exceso de adiposidad reduce el riesgo de múltiples cánceres, incluyendo mama postmenopáusica, endometrio, colon y recto, hígado, páncreas, etc. La verdad es que el sobrepeso y la distribución de la grasa es un factor de riesgo de primer orden para la aparición de muchas clases de cáncer, al que los especialistas no le hemos prestado la atención que merecía.

Y aquí quiero traerte un dato con sabor “cercano”: en investigación española (estudio MCC-Spain) publicada en Journal of Epidemiology & Community Health, se estimó una fracción atribuible importante de cáncer de mama postmenopáusico vinculada a exceso de grasa corporal (dependiendo de cómo se mida).

El matiz que muchas mujeres desconocen: “obesidad con IMC normal”

Hay mujeres con IMC “normal” pero con alto porcentaje graso y baja masa muscular. Y eso también puede importar. Un trabajo en British Journal of Cancer(2024) asoció mayor porcentaje de grasa con mayor riesgo de cáncer de mama postmenopáusico, incluso con IMC normal.

Traducción práctica

En menopausia, tu “seguro oncológico” no es solo bajar kilos: es ganar músculo y bajar cintura.

Sedentarismo

Puedes cumplir el gym y, aun así, estar en zona de riesgo

Esta es la trampa moderna: “Hago 30 minutos de caminata, pero el resto del día estoy sentada”.

Cada vez hay más evidencia de que el tiempo sentado (y especialmente estar sentada durante periodos largos sin interrupción) se asocia con peor perfil metabólico y, en estudios observacionales, con mayor riesgo de cáncer.

Por ejemplo, un estudio en mujeres en menopausia con sedentarismo medido por acelerómetro (Cancer Causes & Control, 2025) encontró asociación entre más sedentarismo y mayor riesgo de cáncer (especialmente “cánceres relacionados con actividad física”) y mayor mortalidad.

¿La buena noticia?

El sedentarismo es el factor más fácil de “hackear”: interrumpir.

Entonces, ¿de verdad “ese 30%” depende de ti?

LO RESUMIMOS SIN HUMO

Una parte relevante del riesgo es modificable (y en algunos análisis poblacionales globales es incluso mayor), pero no todo lo modificable depende solo de “voluntad” (también influyen trabajo, cuidados, sueño, estrés, economía, entorno).

Y si tengo que elegir tres con buen retorno —especialmente en perimenopausia/menopausia— son estas las que te cuento a continuación.

Mi receta de oncólogo

6 medidas realistas para bajar riesgo (sin convertir tu vida en un laboratorio)

Para llevarte una idea clara: riesgo no es destino

En oncología, cuando hablamos de prevención, no prometo “blindajes”. Prometo probabilidades mejores.

Si estás en perimenopausia o menopausia y te sientes interpelada por este tema, quédate con esto: no necesitas hacerlo perfecto. Necesitas hacerlo consistente. Menos alcohol, más músculo, menos silla. Repetido semanas y meses, eso no es “estilo de vida”: es medicina preventiva.